Se cuenta que un músico de orquesta, al morir, llegó al cielo. San Pedro salió a recibirlo para saber de su vida en la Tierra y destinarlo a un cometido acorde con su oficio.
-¿A qué te dedicabas cuando vivías? -le preguntó San Pedro.
-Tocaba el fagot en la Orquesta Filarmónica de Viena -respondió el músico.
San Pedro, feliz por tener en el cielo a un músico importante, proveniente de la que está unáninamente considerada como una de las mejores orquestas del mundo, le dijo:
-!Magnifico¡ Precisamente tenemos una orquesta sinfónica aquí en el cielo en la que nos hace falta un fagot experimentado como sin duda eres tú. Mañana tenemos ensayo y me encantaría que vinieras y empezaras a trabajar con nosotros.
El músico llegó al ensayo, se le facilitó un buen fagot y se sentó en su lugar correspondiente entre los músicos de la orquesta celestial. Esperando la llegada del director provisto de la pertinente batuta. El nuevo fagotista de la orquesta le preguntó a su compañero entre los músicos de viento:
-¿Dios es nuestro director?
-No, nuestro director es Herbert von Karajan.
-Y, ¿por qué ocupa Él su lugar?
-A Dios, de vez en cuando, le encanta creerse Herbert von Karajan
Sacado de "Historias de la música así como suena (2)"
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